miércoles, 25 de abril de 2012

VAN LLEGANDO LAS EXPLICACIONES

En el gobierno del PP parece que había quien pensó que con la mayoría absoluta lograda en las elecciones generales bastaba, de forma que se podía gobernar a puerta cerrada desde el despacho y tomar todas las medidas que estamos padeciendo haciéndolas públicas y extensivas a modo, casi, de comunicado de prensa.

Nada más lejos, se ha tomado buena nota de la falta en la comunicación de las reformas, que han achacado al ejecutivo de Rajoy y al Grupo Parlamentario Popular que lo sustenta. Además de tomar conciencia de ésto en el propio Partido Popular.

Era evidente que no podían dejar de dar explicaciones acerca de la dureza pero necesidad de todas las medidas que van adoptando desde hace cuatro meses. Primero porque es de lógica pura y sentido común que un Gobierno explique a sus gobernados qué se hace y para qué. Segundo, porque con TVE la tienen en contra, y además el PSOE aprovecha cada nueva reforma del Gobierno para atacarle sin piedad.

En definitiva, fue el lunes 23 de abril cuando pudimos ir viendo la nueva estrategia de comunicación del Gobierno, con el Ministro de AA.EE. y Cooperación, José Manuel García Margallo en Intereconomía, en su programa estrella "El Gato al Agua".

El Ministro embelesó a todos con una exposición de los hechos verdaderamente notable y que dice mucho de él mismo como político, dejando ver unas cualidades y calidades que sin duda contribuirán a tranquilizar a España. Dejamos el vídeo de la entrevista, que sinceramente merece la pena ver.


jueves, 5 de abril de 2012

ES HORA DE TOCAR A REBATO

Hasta ahora, cuando uno o varios países, por los motivos que fueran, atacaban a otro, plantaban a su ejército en la frontera y entraban a matar y a destruir. Por muy malo que esto fuese, tenía una ventaja, y es que al menos eras capaz de identificar al que te estaba atacando, con lo que ya había cierta maniobrabilidad para la defensa.

Ahora no, quien sea que nos está atacando, país u otra cosa, se disfraza y se confunde a través de “los mercados”, palabra execrable donde las haya por los males que nos inflige, como individuos y como nación. Y la han tomado con España. Cierto es que este país tiene problemas muy severos, pero igual de cierto es que estamos en vía de solucionarlos, y aún si no fuese así, estamos cumpliendo rigurosamente con las injerencias extrañas, que a modo de indicaciones, nos están dando, los que se supone,  “llevan la manija” en todo esto, léase Alemania, Unión Europea, Banco Central Europeo, Fondo Monetario Internacional, OCDE, etc. No es lícito ni ético que se ceben con el débil, puesto que con más razón habrá que ayudarlo y no que atacarlo. Siempre eso sí, que se le quiera procurar el bien y no el mal.

Siendo esto así, y teniendo en cuenta que España ha dicho sí al orden y al rigor en el presupuesto aun a costa de dolorosos esfuerzos, ¿cómo se justifica la inclemencia y el celo con que se aplican “los mercados” en contra de España? ¿Acaso no es evidente el nuevo rumbo adoptado por su gobierno? ¿No reciben estas medidas del gobierno de Rajoy el aplauso y la loa de todos los demás dirigentes tanto de países como de organismos internacionales? ¿Por qué entonces se dispara de nuevo la prima de riesgo encareciendo la deuda española?.

Siendo pues evidente que no hay justificación o interpretación razonable que pueda explicar el azote permanente al que están castigando a España y ante tal abuso, es el momento de llamar a la unidad de todos los españoles independientemente de ideologías u otras diferencias, empezando por la de los partidos políticos, y de conducir todo ese sufrimiento para contraatacar, y que sea el producto de esa unidad nacional quien diga cómo y ante quién. Cuanto antes se produzca esa unidad, antes atajaremos las ansias insaciables de esas serpientes y escorpiones infames que especulan con la desgracia y el sufrimiento ajeno.


lunes, 26 de marzo de 2012

LOS IRREDUCTIBLES GALOS


Estamos en el año 50 a.C. Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor… 

Ésta es la forma con la que comenzaban todas las historias de la serie Astérix y Obélix y algo similar se podría decir de lo ocurrido en Andalucía la noche del pasado 25 de marzo.

Desde la creación de la autonomía andaluza, no hemos conocido en la comunidad otro gobierno que aquel que esté sustentado por el PSOE.

Aunque todas las encuestas vaticinaban la victoria por mayoría absoluta del PP, ésto no ocurrió así, aunque el partido que lidera Javier Arenas consiguió ganar por vez primera en Andalucía.

A lo largo de nuestra corta, pero intensa historia democrática, los españoles hemos visto como la alternancia política se ha ido sucediendo con la celebración de los diferentes comicios. Sin ir más lejos, las otras dos comunidades que no habían conocido otro color político que no fuese el socialista, (Castilla-La Mancha y Extremadura), en mayo de 2011 pasaron a manos del PP, por lo cual nos encontramos con que en toda España se han ido sucediendo diferentes gobiernos de distintos partidos, y en Andalucía seguimos igual que hace 30 años porque la fuerza de los votos así lo ha legitimado.

Sin lugar a dudas todo ésto debe plantearnos una importante reflexión a los andaluces y mucho más a los dirigentes del PP en Andalucía, ya que aunque las elecciones se han ganado, todos sabíamos que si no se lograba la mayoría absoluta, los populares poco tendrían que hacer a la hora de ser Gobierno en nuestra comunidad.

En la noche electoral los socialistas celebraban el resultado obtenido, una celebración que cuando menos llamaría la atención, pues las siglas que lidera José Antonio Griñan, Pepe para los amigos, perdieron nada menos que 9 parlamentarios, pero claro, de esos nueve 6 fueron a parar a quienes serán sus socios de gobierno, y tan sólo 3 al PP.

Una vez más, Andalucía se parece a la aldea de nuestros entrañables Astérix y Obélix, y Despeñaperros, la frontera infranqueable que tal y como ocurriese con los aldeanos galos, aún estando sitiados por cuatro campamentos, los romanos poco tenían que hacer.